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Cualquier fruta o verdura convencional,
primero es expuesta a decenas de sustancias químicas,
luego a los plaguicidas, sus semillas se trataron con
fungicidas para evitar que enfermen al germinar, a la
tierra se le inyectó bromuro de metilo para desinfectarla
y se le aplico amoniaco, además de uno de los 18 herbicidas
de síntesis autorizados en España. Los primeros brotes de
la planta fueron pulverizados con fitohormonas para
asegurar que den fruto.
No existen estudios que evalúen el efecto acumulativo a medio
y largo plazo de estos venenos en el cuerpo humano.
Se necesitaron 60 años para descubrir que el DDT es un
pesticida altamente toxico que afecta al sistema hormonal.
Hoy esta prohibido su uso en agricultura.
El 73% de las nuevas enfermedades es de procedencia animal
y se transmite a través de la cadena alimentaria. Las alergias
afectarán dentro de 30 años al 50% de la población y su origen
esta en la alimentación. El asma, por ejemplo, se achaca a la lactosa.
Los transgénicos o restos de estos, pueden encontrarse, hoy en día, en
enzimas y aditivos de uso alimentario, incluido en la comida para bebés.
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Una persona puede estar consumiendo al año más de 52 kg. de aditivos.
La comida se transforma en nuestra sangre,
la sangre en nuestras células y en todo nuestro cuerpo, en las uñas, el pelo, la piel,
las células de nuestro cerebro, los huesos..., la forma en que comemos determina
completamente nuestra vida.
Actualmente existen 33 millones de hectáreas de terrenos
certificados de cultivos ecológicos en el mundo.
Con una superficie de 1.317.751,89 hectáreas, España es el primer
productor europeo de alimentos ecológicos, pero el 80% de la producción se exporta.
La producción ecológica aumenta la vida en el suelo, su
fertilidad natural y la calidad del agua. Contribuye a la diversidad biológica y a la preservación
de las especies y su hábitat natural, hace un uso responsable de la energía y de los recursos
naturales y promueve la salud y el bienestar de los animales.
La producción ecológica ofrece a los consumidores la garantía
de que todas las empresas de este sector son inspeccionadas por las autoridades competentes.
Los consumidores de alimentos ecológicos, colocan en su lista de
valores prioritarios la inversión en su salud, la mejora de la calidad de lo que compra y la
protección del medio ambiente, y es la alimentación ecológica, la única que ofrece las tres cosas.
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